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Junto al Duero crecen chopos, sauces y alamedas que protegen y acompañan al río en su constante peregrinar hacia el océano.
Los inviernos, plagados de heladas nocturnas y escarchas, son tiempo de descanso para las parras. Éstas despertarán con los primeros días de la Primavera, cuando, allá por Abril, el sol comience a templar. La savia, adormecida durante los fríos, hará que surjan ahora brotes y después flores.
Flores pequeñas y humildes que los calores del Verano convertirán en dulces, tersas, aromáticas, jugosas bayas: las uvas.
El suelo bien drenado pero pobre, lavado, con la materia orgánica muy justa. Un suelo ideal para que las cepas, con la ayuda del aire, la lluvia y el sol, fabriquen aromas y sabores cuajados de matices, y los atesoren en los granos de uva.
El invierno es además tiempo de plantar. Las jóvenes y pequeñas cepas se tratan con mimo, escogiendo los días más templados, menos fríos, de modo que las raíces no sufran en el proceso de plantación. También se eliminan las malas hierbas, para que no roben un ápice de vitalidad a las viñas; ardua labor antaño, hoy en día aliviada por sorprendentes artilugios mecánicos que dejan “limpio” el suelo. De año en año, cuando el terreno lo pide, se aportan nutrientes en forma de basura de oveja, muy hecha.
Cuando ya casi en Primavera van surgiendo los primeros zarcillos y pámpanos. Después de la segunda poda; los que quedan se sujetan a las guías de alambre, para asegurar el crecimiento armonioso de la planta, mejorando la aireación de los racimos y la exposición al sol. Y para facilitar el posterior vendimiado. También –sólo si es preciso– el riego por goteo aporta la humedad necesaria.
En Octubre llega la Vendimia. Es el momento de que el hombre continúe, en la bodega, la labor de la Naturaleza.
La uva recogida se despalilla en bodega y fermenta en depósitos de acero inoxidable. No se utilizan para la fermentación de la uva levaduras artificiales, de tal forma que el proceso se inicia de un modo completamente natural.
El vino permanecerá en depósito de acero inoxidable unos 20
días, para posteriormente pasarlo a barrica de roble americano durante
15 meses y se obtendrá el Vino que lleva el nombre de la bodega “Condado
de Haza”.
Cuando la cosecha ha sido buena, se reservan las uvas más maduras para
someterlas a un muy cuidado proceso de elaboración y a 30 meses de
“diálogo” con roble nuevo. El espléndido resultado
se llama “Alenza”.